El expediente académico pasaría del 10% al 30% y la ECOE entraría en la nota final. La intención es buena. La ejecución, no tanto.
La Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina (Cndfme) lleva tiempo impulsando una reforma del sistema de acceso al MIR. Su propuesta más reciente, recogida por Redacción Médica, plantea un cambio de calado: que el examen pase a valer solo el 50% de la nota final, cediendo un 30% al expediente académico universitario y un 20% a la ECOE — la Evaluación Clínica Objetiva Estructurada. Actualmente, el examen vale el 90% y el expediente el 10%.
El argumento de los decanos tiene su lógica: quieren que la carrera cuente más, que seis años de esfuerzo no queden casi eclipsados por un único examen de enero. Pero tampoco me parece que las intenciones sean del todo inocentes — y los problemas de fondo que genera la propuesta lo demuestran.
El sistema actual funciona, si se garantiza que funciona bien
Seré directo: el examen como principal criterio de selección me parece justo. Si eres bueno durante la carrera, demuéstralo el día del examen. Una prueba única, igual para todos, el mismo día y con el mismo papel, es el mecanismo más equitativo que existe para comparar miles de candidatos con formaciones distintas.
Lo que sí podría tener sentido es una prueba posterior — no para puntuar, sino para garantizar la aptitud. Una especie de ECOE o entrevista que no compute en la nota pero que funcione como filtro mínimo de idoneidad para trabajar en el sistema público de salud. No para ordenar, sino para asegurar. Eso sí parece una mejora razonable.
«El examen es igual para todos. Eso tiene un valor que no debería minusvalorarse antes de sustituirlo por un sistema donde el punto de partida depende de dónde estudias.»
El problema de equidad que nadie resuelve
Para que subir el peso del expediente sea justo, tendría que haber garantías de que un 8,5 en la Universidad de Sevilla equivale a un 8,5 en la Autónoma de Madrid o en cualquier facultad privada de reciente creación. Esa garantía no existe. No hay criterios homogéneos de evaluación entre facultades, no hay calibración nacional de notas, y los niveles de exigencia varían de forma notable entre centros.
Aumentar el peso del expediente sin resolver ese problema previo no da más peso al mérito — da más peso a dónde estudias y cómo puntúa tu facultad. Las universidades con criterios de evaluación más generosos saldrían sistemáticamente beneficiadas, y eso no es un detalle menor: es exactamente lo contrario de lo que el sistema debería hacer.
El problema con la ECOE
La propuesta incluye incorporar la ECOE como el 20% de la nota final. Pero no todos los estudiantes han realizado esa prueba en las mismas condiciones — o directamente no la han realizado. Y los médicos extracomunitarios que se presentan al MIR no tienen ninguna prueba equivalente en su país de origen.
¿Cómo se valoraría su expediente? ¿Se crearía una prueba ad hoc? ¿Se les excluiría de ese porcentaje? La propuesta no lo resuelve. Año tras año, más de 4.000 aspirantes extranjeros se presentan al MIR — ignorar este colectivo en el diseño de la reforma no es un detalle, es un problema estructural.
Mi postura
El sistema actual no es perfecto, pero tiene una virtud fundamental: es igual para todos. Antes de subir el peso del expediente habría que homogeneizar la evaluación entre facultades. Antes de incluir la ECOE en la nota habría que garantizar que todos los aspirantes, incluidos los extracomunitarios, pueden acceder a una prueba equivalente.
Lo que sí apoyaría es una prueba de aptitud posterior al MIR — no para ordenar, sino para garantizar que quien accede al sistema público está preparado para trabajar en él. Pero eso es muy distinto a meterla en la ecuación de la nota.